6.13.2005

Los jesuitas, custodios del Manuscrito Voynich durante siglos

La historia del Manuscrito Voynich ha estado ligada desde siempre a la de la Compañía de Jesús, desde la época de la composición de nuestro libro y a lo largo de la azarosa historia de persecuciones, gloria, poder, confiscaciones y disoluciones que sufrió esta Orden católica.
Es por ello que interesa conocer un poco más acerca de la orden de los jesuitas.
Su fundador, Íñigo López de Loyola, llamado San Ignacio de Loyola (1491-1556), era un noble vasco educado en los valores de la vida caballeresca. Habiendo sido herido gravemente en el sitio de Pamplona por los franceses (1521), decidió durante su recuperación, y tras leer la "Vida de Cristo", de Ludolfo de Sajonia, y la "Flos sanctorum", de Jacobo de Vorágine, hacer grandes cosas en servicio y gloria de Dios. En el monasterio de Montserrat, ante la imagen de la Virgen, cambió su espada y su indumentaria militar por el hábito de peregrino.


San Ignacio de Loyola

Antes de marchar a Jerusalén (1523) sufrió una transformación mística y comenzó a escribir los "Ejercicios", sin estar convencido aún del camino que tenía que tomar para servir a la Iglesia. A su vuelta de Tierra Santa estudió en Alcalá y Salamanca (1526-1527) y siendo objeto de sospecha por la Inquisición se trasladó a París en 1528, en cuya etapa se graduó en artes y formó un círculo reducido de amigos y compañeros (Laínez, Salmerón, Bobadilla, Francisco Javier, Rodríguez y Fabro) a quienes daba ejercicios espirituales. En 1534, reunido con aquellos compañeros en Montmartre, hizo voto de pobreza y castidad, de peregrinar a Jerusalén, de servir al Papa y de hacer apostolado por la salvación de todas las almas. La peregrinación no fue posible, pero Ignacio se dirigió a Roma con algunos de sus compañeros en 1538 (nov.). Allí fue procesado bajo sospecha de herejía. Absuelto, y en un clima favorable, decidió la fundación de la Compañía, para lo cual dirigió al papa Paulo III la "Formula Instituti" (1539), que contenía las ideas fundamentales del instituto, entre las cuales se incluía la importantísima novedad del cuarto voto, el de obediencia, sin excusa ni tergiversación, al Pontífice. La "Compañía de Jesús" fue confirmada el 27 de septiembre de 1540. Su fin es "militar para Dios bajo la bandera de la Cruz y servir sólo al Señor y al Papa, su vicario sobre la Tierra", con rigurosa obediencia a la voluntad de Dios, por la predicación, la enseñanza y la caridad. Las constituciones de la Compañía fueron redactadas en 1541 y sufrieron algunas modificaciones posteriores hasta 1558. Regulaban la selección, admisión (los novicios eran sometidos a varios años de prueba antes de tomar los votos y de ser ordenados) y estudios (filosofía y teología) de los miembros y el gobierno de la Compañía. La constitución de la orden es monárquica. El prepósito general es elegido de por vida por la congregación general (órgano legislativo supremo) y posee poderes casi ilimitados de gobierno. Desde su fundación, la Compañía se propagó rápidamente por España, Portugal e Italia e intentó fortalecer el catolicismo en la misma Alemania, donde se fundaron colegios (Viena, Ingolstadt, Munich y Tréveris) e incluso se organizó una universidad (Dillingen, 1563). Desde 1549 había jesuitas trabajando en la India con el apoyo de la Monarquía portuguesa, y con la misma confianza pasaron a Brasil (1553), China (1555) y Macao (1562). En cambio, los progresos fueron menores en Francia y en los Países Bajos. Los primeros decenios se caracterizaron por la acción personal de sus miembros mediante el apostolado y la predicación. Después, maduró la organización prevista en las constituciones y se fundaron casas profesas, colegios y residencias en todo Occidente. Justamente, la fundación de colegios, primero para formación de aspirantes a ingresar en la orden, y a partir de 1550 también para alumnos externos con el derecho a conferir grados académicos, consagró a la Compañía de Jesús como la primera gran institución educadora de la Iglesia en los tiempos modernos.
El combate de la Iglesia contra los protestantes y el proselitismo y la recuperación del catolicismo en los territorios centroeuropeos se hicieron gracias a la militancia activa y directa de la Compañía de Jesús, el gran instrumento, junto con las decisiones tomadas en el Concilio de Trento, para reformar la Iglesia Católica.

Ignacio de Loyola murió en 1556, y fue canonizado por el Papa Gregorio XV, junto con San Francisco Javier, en 1622. La historia de la extensión de la Compañía de Jesús por todo el mundo no está exenta de dificultades, debiendo pasar por persecuciones originadas por los recelos que despertaban algunas de sus obras, entre las que sobresalen las famosas Reducciones del Paraguay. La culminación de las vicisitudes llegó con la supresión en toda la Iglesia de la orden de los jesuitas, en 1773, por el Papa Clemente XIV. Restablecida de nuevo en 1814 por el Papa Pío VII, reemprendió su labor evangelizadora, en todos los campos del apostolado. Cuando en 1965 es elegido 28 General de la Compañía el español Padre Pedro Arrupe, la Compañía de Jesús, respondiendo a los retos del mundo actual, une a su divisa de "la mayor gloria de Dios", la de "la promoción de la justicia que brota de la fe". Hoy la Compañía se entiende como colaboradora de la Misión de Cristo mediante la defensa de la fe y la promoción de la justicia, en permanente diálogo cultural e interreligioso. Esta inspiración es la que impulsa en la Compañía un esfuerzo constante por ayudar a los más débiles y marginados, y entregar sus mayores energías a quienes sufren la opresión que originan las estructuras de los poderes que no respetan al individuo, dentro del espíritu del Vaticano II y de las encíclicas de los últimos Romanos Pontífices. Enfermo de gravedad, en 1983 el Padre Pedro Arrupe renunció a su cargo de General, y fue substituido en el mismo año por el holandés Padre Peter-Hans Kolvenbach, elegido en la Congregación General 33.
En la actualidad hay 22.227 jesuitas en el mundo, que están repartidos: 1.287 en África ; 7.311 en América ; 4.888 en Asia ; 8.215 en Europa ; 526 en Oceanía. Los jesuitas han tenido 29 Superiores Generales (6 de los cuales fueron españoles), 42 Santos, 139 Beatos, y tienen más de 200 en proceso de beatificación. Sus mártires, testigos de la fe, han superado la cantidad de 1100. En la actualidad hay 70 Obispos, 12 Arzobispos y 6 Cardenales jesuitas (la mayor parte de ellos en Misiones). En España, la Compañía de Jesús cuenta con 2.000 miembros. De ellos, aproximadamente, el 34% en Educación, el 20% en Pastoral, 4% en Apostolado Social, el 3% en MCS, el 7% está en Formación, el 17% jubilados y el 15% en trabajo interno de la Compañía.

La primera noticia histórica del manuscrito Voynich (en la Carta Marci) es de mano de un filojesuita al científico más famoso de su tiempo (Kircher) y data de 1666.

El Manuscrito permaneció en manos de la Compañía desde entonces hasta 1918, en que Wilfrid Voynich lo encontró en el colegio jesuita de Villa Mondragone (Roma).

No es exagerado, entonces, decir que los jesuitas fueron los custodios del increíble documento durante algo más de dos siglos y medio.

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