4.06.2005

Una nueva teoría (1ª parte)

El astrónomo español Francisco A. Violat Bordonau cree haber descubierto un nuevo método por el que pudo haber sido compuesto el Manuscrito Voynich, diferente a (pero basado en los mismos principios que) la Grilla de Cardano.
La teoría de Violat está -como casi todo lo que se refiere al tema que nos apasiona- pendiente aún de comprobación, porque queda por ver si el sistema concéntrico del español es capaz de reproducir las peculiares características estadísticas del texto voynichés.
Se trata, sin embargo, de una aproximación válida, porque sabemos que ni siquiera el método de Rugg ha conseguido hacerlo en un 100 por ciento.
Para todos ustedes, entonces, el "Breve ensayo sobre el Manuscrito Voynich", de Francisco Violat Bordonau, texto que dividiremos en tres partes entre hoy, mañana y el viernes.


Asesores Astronómicos Cacereños

CRIPTOGRAFÍA

BREVE ENSAYO SOBRE
EL MANUSCRITO VOYNICH

Francisco A. Violat Bordonau

"Si secretum tibi sit, tege illud, vel rebella"

INTRODUCCIÓN
"Si tienes un secreto, escóndelo o revélalo", es la traducción de un famoso aforismo que he querido incluir en a portada de este sencillo trabajo.
En estas páginas presento un estudio del manustrito Voynich, un extraño documento -no traducido todavía- que hace su aparición en el siglo XVII y que contendría, en palabras de algunos, secretos demasiado peligrosos.
Pero, ¿qué es realmente lo que contiene?, ¿es de verdad tan difícil de traducir pese a la potencia de los actuales ordenadores?, ¿cuándo apareció en escena?, ¿quién y cuándo pudo escribirlo?, ¿es auténtico de verdad?... retrocedamos un poco en el tiempo para tener una mejor perspectiva.

ALGO DE HISTORIA
A finales del año 1912 el librero neoyorkino Wilfrid Voynich descubrió en la vieja biblioteca del colegio jesuitas de Mondragone, situado no lejos de Roma, un extraño y curioso documento: un rarísimo manuscrito depositado allí 250 años antes por el famoso erudito y criptólogo Athanasius Kircher (1601-1680).
El documento, al que según su numeración le faltaban 28 páginas del comienzo, era un volumen con gruesas tapas de pergamino en octavo -de 27 por 15 cm- que conservaba todavía 230 páginas de texto manuscrito fácilmente legible (figura 1); en él podían verse extraños dibujos con tinta de color (rojo sangre, negro, añil, amarillo o verde) en los cuales se habían representado una profusión de flores, mujeres desnudas bañándose en curiosos lagos de tinta, algo que semejaban intestinos o tubos, arabescos, estrellas y otros extraños diseños que parecían esferas y diagramas celestes.
Según una carta que le acompañaba fechada en agosto de 1666, Kircher lo habría recibido de su antiguo alumno Johannes Marcus Marci, rector de la Universidad de Praga, ya que el libro habría formado parte de la biblioteca del emperador Rodolfo II (1552-1612), gran aficionado al ocultismo y las artes mágicas, quien lo habría adquirido en el año 1586 por la nada despreciable suma de 600 ducados. Kircher no logró traducirlo y lo mismo le ocurrió al sabio y alquimista checo Johannes de Tepenecz, favorito de Rodolfo II, quien incluso llegó a dejar su firma en uno de los márgenes.
Kircher, ante su completo fracaso, depósitó el manuscrito en una biblioteca de los jesuitas para que los

Fig. 1: Ampliación de uno de los diagramas astronómicos. En la parte superior hay un texto que circunda diagramas. En la parte inferior, verticales, vemos dibujos de estrellas y nombres que pudieran ser meses o constelaciones: folio 67 recto 1 (f67r1)

eruditos de tiempos posteriores lo estudiasen. Allí estuvo olvidado casi 250 años.
El emperador Rodolfo, aficionado a la magia y a la alquimia, fue el mecenas de gran cantidad de sabios, místicos y eruditos de todo tipo (muchos de ellos simples estafadores) que pasaron por su corte en gran cantidad y con muy distintos propósitos; fue también el patrón del gran astrónomo danés Tycho Brahe -a quien cedió el castillo de Benatek para sus estudios estelares (1599)- y posteriormente del matemático imperial Johannes Kepler. Algunos años antes (1584-1588) su corte habría alojado al matemático, erudito, criptógrafo y espía inglés John Dee quien, posiblemente, fuese quien le hiciese entrega del manuscrito después de haber intentado traducirlo en vano.
El documento, según su aspecto y contenido superficial, parecía un completo herbolario, una obra de alquimia o incluso un tratado astrológico de la Edad Media aunque algunos detalles de los dibujos (como los peinados) parecían acotar el período de su elaboración entre los años 1470 y 1500. Tras reconocer en él un valioso documento Voynich pidió a los más afamados criptógrafos y especialistas de la época una traducción de su contenido, poniendo en circulación fotografías del documento; desgraciadamente ninguno de los que lo analizan encuentran una solución: en el manuscrito se pueden reconocer constelaciones (como las Híades, Tauro y la brillante estrella Aldebarán), aparecen diagramas astronómicos y se representan plantas desconocidas o imaginarias, pero no hay nada que aporte pistas fiables.
El manuscrito es fácilmente legible y los signos que en él aparecen son letras latinas reconocibles ("o", "a"), números ("2", "8", "9") o signos desconocidos (como una especie de "tt" con sus extremos superiores unidos con un lazo simple y en ocasiones doble, caracteres inventados, algo que parece un interrogante (?), otras se parecen a letras letras griegas como nu, iota, rho, etc...); estos signos forman palabras muy legibles ("8ai2"es visible en la figura 1, tercera línea, centro) o en ocasiones compuestas ("8a28a2" podemos leer en la primera línea) sin ningún sentido en los idiomas cultos de la época: es evidente que su autor ha empleado algún tipo de clave o cifra que es preciso desentrañar antes de entender algo.
En 1917 el documento llama la atención de la sección de criptografía de la División de Inteligencia Militar de los Estados Unidos (MI-8), cuyo joven y brillante director era Herbert O. Yardley. El capitán John M. Manly, ayudante de Yardley y doctor en Filosofía, acomete junto con su jefe su estudio en profundidad: después de intentarlo en vano terminan por aseverar que es el manuscrito más misterioso del mundo.
En 1919 llegan las primeras copias del manuscrito a William R. Newbold, profesor de Filosofía de la Universidad de Pennsylvania, lingüista y experto criptógrafo; tras casi dos años de estudio dice (abril de 1921) haber encontrado por fin una compleja clave (seis traducciones diferentes cada una de las cuales conduce a la siguiente: el anagrama de la última sería la clave final) y da a conocer una traducción: según él habría sido Roger Bacon el autor del mismo, habiendo descubierto los gametos, microorganismos y otras células vivas con un microscopio que llegó a construir; también estudió sistemas estelares con un telescopio reflector de su invención.
Hasta su muerte, en 1926, continuó su estudio del manuscrito con la ayuda de su colega Roland G. Kent: sería éste quien publicase los descubrimientos de Newbold en la obra The cipher of Roger Bacon (1928). Manly, una vez que abandona el ejército y toma posesión de su cátedra de la Universidad de Chicago, estudia este material y descubre que no es correcto, publicando un artículo con sus conclusiones en la revista Speculum (1931). Demuestra el error de Newbold y de su presunta traducción: los pequeños "signos auxiliares" -que encontró gracias a una potente lupa y explicó como taquigrafía- no eran más que deformaciones y grietas en el papel
provocadas por el paso del tiempo.
Otras personas retoman el tema: en 1945 dos criptógrafos aficionados, el doctor Leonell Strong y Joseph Feely, presentan una posible traducción elaborada por medio de códigos de sustitución (asignando a cada uno de los distintos signos Voynich un signo de nuestro alfabeto latino) que resulta ser un galimatías sin sentido alguno; un año antes (1944) el capitán William Friedman, antiguo alumno del profeson Manly y experto en criptografía militar, asistido por su equipo, estudia el manuscrito convirtiendo el texto en signos que pudiese "entender" un ordenador; aunque no logra traducirlo concluye diciendo que el manuscrito está cifrado en una lengua artificial desconocida.
También encontraron una rareza: hay palabras que se repiten frecuentemente de modo muy distinto al de un lenguaje humano normal (como son dar dar dal, or or al, ol ol ol o qol qol ol).
A la muerte de Voynich (1930) el manuscrito pasó a ser propiedad de su esposa Ethel Lillian Voynich quien, ajena a la controversia sobre su contenido, lo guardó en la caja fuerte de un banco hasta su muerte en 1960. Ese año sus albaceas lo subastaron y fue adquirido por el librero Hans P. Kraus, quien lo puso a la venta por nada menos que 160.000 dólares de la época; quizá debido a que no encontraba ningún comprador (demasiado caro si sólo es un extraño herbario) en 1969 lo donó a la Biblioteca Beinecke de Manuscritos y Libros Raros (Universidad de Yale).
A finales del pasado siglo se creó el Proyecto EVMT (European Voynich Manuscript Transcription) a cargo de Gabriel Landini y Rene Zandbergen, cuya misión ha sido transcribir a signos latinos el manuscrito entero; posteriormente se han unido al proyecto expertos de todo el mundo e incluso ha aparecido en Internet una lista de correos sobre el tema. Este grupo ha creado EVA (European Voynich Alphabet), un grupo de signos que permiten transcribir su contenido a caracteres occidentales: gracias a EVA y a las páginas y documentos depositados en Internet cualquier persona puede "leer" todas las página del manuscrito, elaborar su propia traducción del voynichés a otros idiomas (p. ej. el español) o incluso intentar encontrar sentido al texto.
Los distintos expertos que lo han analizado (sin éxito hasta ahora) han emitido varias hipótesis muy distintas: según unos puede ser un galimatías sin sentido alguno fruto de un alquimista loco y que, por tanto, no contiene ningún mensaje; según otros puede tratarse de un documento de escaso valor (como un compendio de plantas y recetas del siglo XV) escrito en una lengua artificial codificada mejor o peor (el autor trabajó a mano y cabe la posibilidad de errores al copiar o transcribir). Una última hipótesis indica que puede ser sólo un timo muy bien elaborado y mejor presentado, cuyo objetivo fuese embaucar al muy crédulo emperador Rodolfo II ofreciéndole algo que tenía el aspecto de contener información muy interesante pero que no valía absolutamente nada...
Para intentar saber quién lo escribió y cuándo, es preciso retroceder en el tiempo y conocer, aunque sea muy someramente, el desarrollo de la criptografía entre los siglos XIII y XVI, período en el cual pudo haberse realizado.

MAGIA NEGRA Y CRIPTOGRAFÍA
Comencemos por el siglo XVI, época en la que aparece el manuscrito, para ir retrocediendo poco a poco en busca de posibles autores.
La figura más importante a caballo entre los siglos XVI y XVII es el doctor John Dee (1527-1608) famoso matemático isabelino (profesor, entre otros, de Thomas Digges, hijo del célebre matemático Leonard Digges), criptógrafo en sus ratos libres, cartógrafo y -a decir de la inculta gente de su época- mago y nigromante. Además de científico de primer orden se cree que trabajó como "espía industrial" de la reina Isabel, para quien consiguió ciertos secretos de navegación: existe documentación sobre su estancia en la corte del emperador Rodolfo II, como agente de lord Burghley, de 1584 a 1588.
En 1563 encontró en una librería de Amberes un ejemplar, seguramente incompleto, de la Esteganografía del abad Tritemio que, según dicen, llegó a completar y que le permitió entrar en contacto con ciertos "espíritus" o "ángeles". Segun cuenta él mismo, cierto día de mayo de 1581 se le apareció un ser luminoso que le entregó un espejo negro elaborada con un pedazo de antracita muy pulimentada: mirando en este espejo podría ver otros mundos y establecer contacto con estos seres, otras inteligencias distintas a la del hombre.
Dee no tardó en usar este espejo y mantuvo abundantes conversaciones con otros seres, muchas de las cuales formaron parte de la obra A true and faithful relation of what passed between Dr. John Dee and some spirits, publicado en 1659 porMéric Casaubon, en el cual aparece una lengua no humana (o sintética) que el propio Dee denomina enoquiano. Dado que no le era humanamente posible recordar todas las conversaciones contrató a un ayudante, Barnabas Saul, para que éste tomase notas mientras él miraba el espejo; una vez que comprobó que no era más que un bribón buscó un segundo ayudante que resultó peor que el primero: Edward Talbott alias Edward Kelley (1555-1595), un aventurero y hábil estafador que terminó arruinando la credibilidad del ingenuo Dee al pretender hacer de él un famoso alquimista. Talbott-Kelley falleció en 1595 al partirse brazos y piernas tras dar un salto poco afortunado desde lo alto de su celda, en una cárcel de Praga, en donde había sido encerrado por estafador.
En una de sus ausencias (1597) la chusma, probablemente asustada por el contenido de su biblioteca, asaltó su domicilio de Mortlake (el Lago de la Muerte) y la quemó sin miramientos: es de suponer que en el incendio se perdieron valiosas obras y raros manuscritos de todo tipo, sobre todo los del monje Roger Bacon, extraordinariamente valiosos para Dee. Su obra más conocida es la Monas Hieroglyphica (1564), un curioso tratado ¿alquímico? que contiene lo que parece un alfabeto geométrico-visual que recuerda la tradición luliana de la combinación de letras (poseía gran cantidad de manuscritos de Llull, desgraciadamente desaparecidos en el incendio).
De la misma época (1624) es la obra Cryptometrices et cryptographiae libri IX, escrita por Gustavo Selenus, en la cual el autor alcanza una complejidad no vista hasta entonces al emplear una rueda que permite hacer girar una veintena de círculos concéntricos, cada uno de los cuales contienen dupletes (grupos de dos palabras), así como tablas que contienen unos treinta mil tripletes: las posibilidades combinatorias conseguidas con este sistema son sencillamente astrónomicas.
Incluso Giordano Bruno (1548-1600) se permitió una incursión en el mundo de la criptografía: de este modo en su De umbris idearum (1582) propone el uso de ruedas concéntricas móviles (como las usadas por Selenus cuarenta años más tarde) subdivididas en distintos sectores, cada uno de los cuales remite a una imagen o situación distinta; utilizando cinco ruedas concéntricas es posible codificar frases (o imágenes compuestas) de gran longitud y complejidad. Según uno de los estudiosos modernos (Sturlese, 1991) este artificio permitiría memorizar una serie infinita de palabras por medio de un número reducido, fijo y limitado de imágenes.
No mucho antes (1607) el astrónomo y jesuita Clavius (1537-1612) había escrito
In spheram Ioannis de Sacro Bosco (Sacrobosco, John de Hollywood en la grafía moderna) en donde discute las posibles combinaciones que se pueden hacer utilizando las cuatro "cualidades primarias" (frío, caliente, seco y húmedo), a la vez que se pregunta cuántos términos distintos podrían elaborarse utilizando las 23 letras del alfabeto (u y v eran equivalentes) en grupos de dos, de tres y así hasta formar grupos de 23 letras.
Podemos retroceder más hasta encontrarnos con el ya citado abad Tritemio (1462-1516): este religioso es autor de la Polygraphia, obra dedicada a la codificación de mensajes y también de la menos famosa Steganographia o investigación de escrituras secretas, publicada en 1606, un artificio para la codificación de mensajes de cara al envío de correspondencia secreta entre embajadores, ministros y altos cargos de las belicosas cortes de entonces. Precisamente en esta época se produce un conflicto diplomático cuando el matemático francés François Viète (1540-1603), al servicio del rey Enrique IV, traduce los documentos secretos remitidos al muy católico Felipe II, hecho que éste atribuyó a la magia negra y denunció ante el Papa (naturalmente cuando los criptógrafos papales lograron descerrajar el código español comprobaron que la magia negra no había tenido nada que ver, desestimando la petición real). El trabajo del abad Tritemio no era el primero de este género: ya en 1587 el también célebre matemático francés Vigenère había dado a la luz su Traité des chiffres, obra esteganográfica de clara influencia luliana. Pero años antes, en 1563, había aparecido la primera edición de la De furtivis litterarum notis escrita por Della Porta, trabajo en el que se utilizan tablas que contienen las distintas permutaciones de las 20 letras del alfabeto.
Remontándonos todavía más atrás en el tiempo tropezamos con la famosa Ars Magna de Ramón Llull -castellanizado como Raimundo Lulio o Lullius- (1235-1315), un estudioso mallorquín convertido en franciscano tras vivir diversas vicisitudes mundanas; esta Ars Magna no es más que un intento de crear una 'lengua filosófica perfecta' capaz de convertir a los infieles. La leyenda dice que Llull murió martirizado a manos de los sarracenos, a quienes intentó convertir empleando sus propias técnicas lingüísticas. Llull, tomando la idea del franciscano inglés Roger Bacon (1220-1292) de convertir infieles al cristianismo estudiando lenguas clásicas, idea un idioma artificial para difundir ideas y pensamientos a cualquier pueblo, aunque sea a personas completamente iletradas. Para ello el Ars emplea 9 letras (B a K) y 4 figuras ingeniosamente elaboradas, con las cuales es factible elaborar grupos de letras y combinaciones (idea tomada de la Cábala judía y más concretamente de la temurá o arte de permutar las letras para crear anagramas) las cuales son capaces de transmitir ideas y pensamientos coherentes.
Pero podemos retroceder todavía más hasta llegar a la Edad Media y a la Cábala (de qabbalah, tradición), libro hebreo por excelencia que presenta una técnica de lectura e interpretación de la Torá, el texto sagrado. Dado que el hebreo no contiene vocales al leer sólo encontramos consonantes: podemos ver uno de los nombres de Dios (YHVH) en el cual el lector ha de suplir o interpolar las vocales ausentes (a y e). Precisamente esta carencia de vocales permite al cabalista utilizar varias técnicas para extraer del texto distintos significados ocultos: de este modo el notaricón emplea las iniciales de las palabras para formar acrósticos que oculten el significado; la gematriya permite codificar palabras dado que los números se representan con letras: así cualquier palabra tiene un valor numérico que es la suma de los distintos valores individuales de las letras que la forman (el nombre YHVH equivale a 72), con lo cual se buscan palabras distintas que tengan el mismo valor (tenemos así la búsqueda de los 72 nombres distintos de Dios). Finalmente la temurá es el arte de permutar las 22 letras del alfabeto hebreo formando anagramas, algo fácil de hacer en esta lengua dado que las vocales ausentes han de ser interpoladas por el lector. El mayor experto en este tema del arte combinatorio es el judío zaragozano Abraham Abulafia (1240-1291) quien lo demuestra en su Cábala de los Nombres, un completo tratado sobre el arte de la combinatoria. Un ejemplo: si se vocalizan las cuatro letras de YHVH de todas las maneras posibles se obtienen cuatro tablas distintas de 50 combinaciones cada una...
Como podemos ver la idea de idioma o lengua artificial existía ya desde el siglo XIII: los trabajos de los criptógrafos y esteganógrafos posteriores se basaron, pues, los unos en los de los otros aunque ganaron en complejidad y profundidad a medida que avanzaba el tiempo.
Aunque aparecen después de la muerte de Dee no puedo dejar de mencionar la completa Polygraphia nova et universalis ex combinatoria arte detecta (1663) del ya citado Kircher, quien muestra primero una poligrafía (lengua internacional abierta a todo el mundo) y luego una esteganografía (lengua secreta para cifrar mensajes); sólo unos años más tarde (1666) se publica la Dissertatio de arte combinatoria del matemático alemán Leibnitz, con la que cierro esta breve enumeración de obras criptográficas.
Entre los siglos XV y XVII, como hemos visto, existieron distintos autores y obras que tocaban directamente el tema de las 'lenguas artificiales' y la encriptación de mensajes por medio de sutiles métodos razonados y/o matemáticos.

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