4.05.2005

La primera carta de Marci a Kircher

Todos conocemos perfectamente la Carta Marci, de 1666.
Sin embargo, es sabido que la misma (que siempre descansó entre las páginas del Manuscrito Voynich) es solamente la cuarta que se dirigió al mismo hombre sobre el mismo tema. Los dos propietarios del Manuscrito anteriores a Kircher (George Baresch y Johannes Marci) escribieron dos cartas cada uno a Athanasius Kircher pidiéndole que descifrara el Manuscrito.
La primera carta de Baresch se ha perdido mientras que la segunda de Baresch y la primera de Marci se encuentran hoy en los Archivos Pontificios de la Universidad Gregoriana.
La mejor versión existente de la primera carta de Marci es la del reverendo William Barber de la Universidad de Gloucester, sobre la traducción inglesa de René Zandbergen, de la Universidad de Birmingham.
Como no existía versión castellana de la primera Carta Marci la publico aquí, por primera vez en nuestro idioma, a causa de su extremado valor histórico y documental.
Para ustedes, entonces, mi versión de la Primera Carta de Marci.

Querido Reverendo Padre, Maestro en Cristo y más crítico amigo:
He escrito a vuestra reverenda comunidad de sacerdotes en Ratisbona informándoles que los asuntos que me han confiado han sido tratados según su voluntad en la Corte de Su Alteza Imperial. Confío sinceramente en que las cartas a las que me referí hayan sido recibidas por los Ilustres Condes de Martinitz. Y como rápidamente han pasado seis semanas, espero ansiosamente una respuesta. El Reverendo Padre Ganz me ha escrito, pero no sé en qué juicios está involucrado Vuestra Paternidad Reverendísima.



Johannes Marcus Marci de Cronland, rector de la Universidad de Praga

Como él dice que en términos generales la situación es excesivamente difícil, me ha dejado conturbado en gran medida. Y porque puede arrojar alguna luz sobre ciertos aspectos de todo esto, le he copiado una parte de la carta. El Ilustrísimo Conde Bernardo me preguntó con ansiedad por qué no había recibido respuesta a sus cartas. Yo mismo, que muchas veces me he beneficiado por lo que él hizo por mí, y como sé que Vuestra Paternidad Reverendísima es un hombre muy sabio, y que él ha hecho mucho más por la Corte de Su Alteza Imperial de lo que se esperaba –algo que ocurrirá acerca del asunto que nos interesa-, esperaría regocijarme en una muestra de buena voluntad y una declaración de mutuo afecto. Lo mismo se aplica a lo que mi gran amigo Maestro George Baresch ha de haber querido tener a través de mí como el escriba, y él entenderá las notas que he agregado aquí. Es, por cierto, un hombre excelente y con mucha experiencia química, y aún no comprende cómo llegar a la conclusión esperada que Su Imperial Majestad busca con tanta ansiedad –no por el oro, sino en interés de las ciencias médicas-. Él me preguntó especialmente acerca del heliotropo, queriendo averiguar si yo sabía algo acerca de él o si al menos había visto yo el procedimiento completo de su manufactura. Yo le contesté que ninguna de las dos cosas. Le dije al Abad (para su sorpresa) que no me había atrevido a decirle esto cuando nos hicimos amigos por primera vez, y él quiso averiguar acerca de un asunto del máximo secreto.


La primera de las cartas de Marci a Kircher


Si no es mucho problema para él y no está demasiado apurado acerca de lo concerniente a su apariencia externa, me gustaría al menos descubrir si la sustancia es natural o artificial, mineral o vegetal y si se la encuentra en nuestro país o no. Sea cual sea la respuesta, ofreceré mis servicios bajo el mismo sello que acostumbro usar. Estoy buscando especialmente las particularidades de ese oscuro líquido en sus variadas formas. Se me prometió la una o la otra en Roma.


El jesuita Athanasius Kircher, el hombre más sabio de su tiempo


Si se llegara a saber algo particularmente útil, espero que no será problemático incluirlo. Una cosa más: necesito saber si el diccionario Árabe-Copto escrito en árabe será publicado. De acuerdo con lo que se predice para el próximo Año del Oso, esos moldes tipográficos para los lenguajes orientales son satisfactorios. De modo que si hay algo que merezca ser publicado, no carecemos de las herramientas necesarias. ¿Puedo agregar esto? Ruego al Reverendo Padre Vram que cuide su salud y mantenga su excelente espíritu para que nos visite pronto. Por favor, déle mis saludos al Reverendo Padre Ferrarium, quien por mi sello reconocerá que soy yo, su siervo, Johannes Marci.
Praga, septiembre 12, en el año 1640. Johannes Marci, leal siervo de Vuestra Paternidad Reverendísima


Hay que hacer aquí algunos comentarios. La primera carta de Marci, al revés que la Carta Marci propiamente dicha (la segunda) no es explícita, y voluntariamente oculta u oscurece información.
  • Ya desde el principio Marci anuncia que los asuntos de que trata esta carta (el Manuscrito Voynich entre ellos) le han sido encargados por la corte de Rodolfo II.
  • Cuando dice "le he copiado parte de la carta" quiere decir que adjunta a Kircher varios calcos o copias de páginas del manuscrito para que el jesuita los estudie. Lamentablemente, los anexos se han perdido.
  • Como se ve, Marci y Kircher (y por supuesto el propietario anterior del libro, Baresch) no fueron los únicos que conocían su existencia y estaban preocupados por descifrarlo. Aquí, Marci nombra al menos a otros tres: los citados Martinitz, Ganz y Bernardo.
  • Explica que Baresch le pidió también que se encargara, a través de un escriba. Marci estaba casi ciego en 1640, y no podía escribir. Por lo tanto, necesariamente quien tomaba sus cartas al dictado debía conocer los temas que allí se tocaban.
  • Nos revela que Rodolfo II estaba desesperado por descubrir los secretos del manuscrito. aclara, salvaguardando la reputación del emperador, que "no es por el oro, sino por los conocimientos médicos". Ello implica con claridad que Rodolfo pensaba que el libro encerraba, entre otros conocimientos, el secreto de la transmutación de los metales. Ello es perfectamente compatible con mi teoría de que Kelley y Dee vendieron el manuscrito al monarca haciéndole creer que se haría rico con él. Este párrafo explica también por qué los Habsburgo pagaron por el Manuscrito Voynich una tan crecida suma.
  • El "heliotropo" que Marci menciona no es la flor, sino que se trata de una piedra preciosa muy utilizada por los alquimistas medievales. Donde hemos traducido que Baresch era un gran "químico" debe entenderse, por cierto, que la química y la alquimia eran una sola ciencia por aquellos tiempos.


La primera carta de Marci, pues, representa una pieza de información fundamental acerca de los avatares del Manuscrito Voynich y, a nuestro juicio, es tan importante al menos como la Carta Marci.

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